24 enero, 2026
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(el mejor cumpleaños…. ever)

Se acercaba mi cumpleaños y me esperaron con una Gran sorpresa. Varias en realidad porque ya para empezar me aparecieron as cuatro S en el boarding card del vuelo, para quien no está familiarizado eso significar que fui “seleccionado” para un control exhaustivo sobre mi persona y mi equipaje (abrieron absolutamente todo, pasaron paños para detectar sustancias, revisaron hasta las plantillas de mis zapatilas y obviamente el cuestionario)

Empezó con un viaje un tanto largo, ya que tenía que llegar a Philadelphia pero primero una escala en Miami en donde esperé unas tres horitas. el viaje se extendió a 16 largas horas.

Algunos saben que tengo una gran afinidad con la moda texana y la música country (contemporánea). Al llegar a Delaware de visita me invitaron a pasar un día en Dallas, que para ese momento únicamente conocía el aeropuerto para hacer alguna escala.

Lo que fue terrible fue el horario del vuelo a Dallas, a las 5AM, por lo que casi ni dormimos y nos fuimos como fujitivos a mitad de la noche. pero el placer también estuvo en estar en un aeropuerto casi vacío.

Llegamos al aeropuerto de Dallas Fort Worth a las 8AM y a las corridas llegamos a punto para sacar boleto del tren y subir que al día de hoy me asombro de cómo corrimos. Llegamos a nuestra estación Northside en donde esperamos el bus (que iba a poner como “colectivo”, pero no sé porqué se me hace como que iba a desencajar en el escrito, jaja) y a las 9am llegamos al hotel Drover, cuyo nombre me trae a la mente a Huge Jackman en Australia, completamente ambientado al estilo tejano, mucho cuerno, caballos, espuelas. aprovechamos un desayuno de la hostia que quedamos completamente pipones (que luego me arrepentí porque al mediodía no tenía tanto hambre).

Fuimos a ver el “paso de las vacas” en donde pasean el ganado con unos cuernos de metros de largo dos veces al día, impresionante y hasta uno se pregunta cómo soportan todo ese peso en la cabeza.

Las calles tenían música funcional 100% country, que siendo extranjero la verdad conocía muy pocos tonos, pero algunas me pegaba y cantaba. Todavía me recuerdo en un comercio de souvenires al ritmo de “Save a horse ride a cowbow” de Big and Rich. al ser un día de semana no había tantas actividades. Llegamos a entrar al museo de Stockyards, comercios de Sombreros y botas (que de haber sabido a lo que se iría la inflación acá me hubiera comprado uno sin culpa. jaja, pero la verdad es que eran caros)

Paseamos por las avenidas principales, sumado al placer de sentirse en otro mucho, con otro idioma y todo con otra forma (semáforos, veredas, señales) oyendo a la gente con su acento sureño y la música constante.

Fuimos a un lugar en donde había todo lo que puedas comer, pero entre que ya habíamos super desayunado y las porciones allá son siempre gigantes sólo llegamos a comer un plato de costillar que fue el placer de los dioses. y luego encontramos una disquería con música country, de la que me tuvieron que sacar porque me pasé tanto tiempo adentro que se cansaron de esperarme.. jajaja me compré unos cinco cds. (Keith Urban, George Straitt y Clint Black)

De acá para allá se nos pasó el tiempo y nos fuimos a nonar porque al día siguiente había que volver temprano,

tomamos un Uber hasta el tren, luego chucuchú hasta el aeropuerto y volvimos a Delaware, en donde hicimos paseamos por Christiana Mall, fuimos a dos Farmer’s market, uno de ellos de comunidad alemana, en donde se notaba por la vestimenta típica, y el otro más latino en donde comimos como haríamos en el comercio de la vuelta de casa, jaja.

Para alguien como yo me maravillaba mirando al cielo y ver no sólo un avión sino hasta tres o cuatro a la vez (sin estar cerca de un aeropuerto)

Antes de volver finalmente pasé por el Dollar Tree (lo que sería “todo por 2 pesos”, y Ross Dress for Less en donde sucumbí a comprar un poco de ropa y unas zapatillas muy coloridas que aún me sorprendo yo.

Para darle el cierre final fuimos el 8 a cenar al Texas Roadhouse a comer unas incomparables “fall off the bones ribs” (lo que sería costillas en las que la carne se cae) que literalmente la carne se comía con cuchara, se me cae la baba de solo pensar y para el postre aparecieron con un potro de madera, y presentándome a los gritos a todo el lugar con un gran esfuerzo por decir bien mi nombre “Federico!” me cantaron el feliz cumpleaños.

Al día de hoy, esta fecha me va a quedar grabada, como el mejor cumpleaños de mi vida, en el que aguantarme las lágrimas de alegría fue muy dificil.

No voy a olvidarme tampoco de que me regalaron una caja de trufas que Ay Dios!!! (obviamente no llegó ninguna a Buenos Aires).

Veamos un poco de evidencia visual 😉

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