Nuevamente me decidí a hacer otra escapada a Asunción para descansar y pasear un poco más, no recordando la temperatura pensé que marzo sería ideal, y fue entonces que el 22 de marzo, un día en que la temperatura bajó drásticamente en mi querida provincia de Buenos Aires, a no menos que diez grados y con un boleto de avión que se encareció por haberlo adquirido a último momento tomé mis pertenencias que pudieran entrar en una mochila y me encaminé a Asunción de Paraguay.
Con el tema de ser algo no planeado si bien hubo unas idas y vueltas con los hoteles, terminé contratando dos, todo debido a disponibilidad. Los dos primeros días me hospedé en el Gran Hotel Paraná. Llegué ese viernes y por suerte fue un querido amigo a esperarme al aeropuerto y me recibió para alcanzarme al centro. Nos tomamos el Bus 30 en la rotonda frente al aeropuerto y nos bajamos por la zona de cambios para poder adquirir los guaraníes y pagar el hotel. nos encontramos con un peso un tanto devaluado, pero bueno, como nos decía Lita caminamos para buscar el mejor precio, jaja. 7gs por peso.
Me dejó en el hotel que fue bastante básico pero cumplia todo lo que necesitaba, precio, precio, precio con el desayuno incluido y zona céntrica. Acompañé a Ser a su colectivo para seguir su camino y comenzamos una corta caminata de descubrimiento de la zona,
Al segundo día me fui hasta la costanera a caminar, no estaba advertido que no hay más caminos que vuelvan a la ciudad que el que inicia y tuve que llegar al final de ésta lo que la convirtió en una de las caminatas más largas que recuerdo, varios kilómetros. Obviamente empecé a las 10 am y logré volver a las 14 horas. ese día sólo pelis y descanso.
Luego varios días resultaron de degustación, fui a Mercado 4 (una feria gigante en donde podés encontrar LO QUE SEA, desde frutas y verduras hasta picanas (eléctricas), no estaba convencido, así que no compré, ya a este punto, sólo tenía una mochila conmigo y debería pagar equipaje adicional, pero garantizado que quería llevarme muchas cosas a muy buen precio. Luego en Galería Melon Electronics en el centro por la calle Palma me encariñé con la tecnología que también a precios regalados (comparado con Argentina) por el tema de indecisión al final llegó el jueves, y como estaba todo cerrado no es que desistí, sino que no pude comprar.
Mucha Ña Eustaquia y comida al paso, la forma que tienen de sazonar me encanta, si no fuera porque las calles son subidas y bajadas y eso ayudaba a no incorporar tantas calorías habría vuelto con mucho más peso del que traje.
Para tener en el segundo hospedaje, Panambí, del que conté en mi anterior estadía compre en Biggie, una especie supermercado 24 horas con todo lo que puedes necesitar, así que me proveyó de bebida y comida, así como cosas de aseo personal (no es que no me guste lo del hotel, pero hay cosas que prefiero ciertas marcas)
También sucumbí a la tentación de lo habitual, me escapé a KFC y Burger King, el segundo de estos tiene una variedad de sandwiches que acá no tenemos, por ejemplo, corte de picaña, lomito desmechado con cebolla, y otras cosas deliciosas. para terminar alguna que otra comida el cierre lo trajo Grido helados.
Necesitaba la visita al Hard Rock Café de la ciudad, me pedí unas tiras de pollo y papas fritas, pero le pifié con el postre, que pedí un brownie fudge, y resultó que era una copa GIGANTE y me costó lo mismo que la cena, pero “quién me quita lo bailao” como dice la canción.
Para no hacerlo más extenso, el resto fue caminar por esas calles que parecen haberse quedado en el tiempo, parte por sus edificios que mantienen aires coloniales y otros porque parecen retener ese aire a los ochentas que conocí en algún momento de mi vida.
Había poca gente, ya que muchos se fueron por el fin de semana largo, y el jueves y viernes, se volvió una ciudad fantasme.
Sin más detalle pueden ver un poco en fotos.